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REF.F
COD.004/ALC/04
Escarceos con el Arte /
Proyecto:
BOTELLÓN EN ALCORCÓN
Ciudad:
Alcorcón/
Fecha:
2004
ESP/ENG/FRA/POR/ITA/DEU

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BOTELLÓN EN ALCORCÓN

Llevo 18 años haciendo botellón, es decir, ingiriendo bebidas alcohólicas, solas o combinadas con refrescos, en el espacio público de cualquier ciudad: en mitad de una plaza, en medio de una calle o sentado en un boulevard.

Al principio lo hacía con la impaciencia y las ansias de un joven que empieza a relacionarse públicamente y no tiene ni dinero ni lugar donde reunir a sus amigos para hablar de nuestras inquietudes pueriles. Después se convirtieron en esos litritos de fresquita cerveza o minis de whisky en los ratos libres (o liberados) de los elongados años de universidad, sobre todo en esa inmensa primavera Sevillana. Con el tiempo, y "la madurez" que me otorgan algunos importantes ciudadanos,  alterno los botellones findesemaneros masivos, de entorno más juvenil (hasta una década de diferencia), con las botellitas a destiempo; cualquier día que me apetece reunirme con mis igualmente maduros y  amigos trabajadores, en un banco en mitad de la calle, o en un coche sabiamente aparcado.

Actualmente esta acción está prohibida en varias comunidades autónomas de España.

Y claro, eso me afecta, y también a mucha más gente, y como  viajo para ganarme el sueldo y me gusta no perder mis costumbres fuera de casa, estoy un poco molesto.

 

El soporte legislativo  regional impuesto, que apareció en Julio del 2002, lo hizo  para la tranquilidad de algunos vecinos y políticos, llamándose:

 "Ley de Drogodependencias y Otros Trastornos Adictivos".

Después de algunas protestas vecinales  y una campaña publicitaria sabiamente dirigida, aparece dicha ley con la amenaza de multa como base de trabajo para aquellos que se atrevan a ingerir bebidas alcohólicas en el espacio público. Esta acción se disculpará en los casos en los que se  haga en una terraza debidamente legalizada y con sus licencias e impuestos pagados,  o que se celebren fiestas patronales.

A continuación un poco de culturilla legal, en es te caso de la comunidad de Madrid, pero que ha sido modelo de otras muy parecida.

 

 

 

LEY   de   DROGODEPENDENCIAS     y   OTROS TRASTORNOS   ADICTIVOS.   COMUNIDAD DE MADRID.

Artículo 3. Definiciones.

1. A los efectos de ésta Ley, se entiende por:

A) Trastorno adictivo: Patrón desadaptativo de comportamiento que provoca un trastorno psíquico, físico o de ambos tipos, por abuso de sustancias o conducta determinada, repercutiendo negativamente en las esferas psicológica, física y social de la persona y su entorno.

B) Drogas: aquellas sustancias que suministradas al organismo son capaces de generar dependencia y pueden provocar cambios en el comportamiento y electos nocivos para la salud y el bienestar de las personas.

2. En el ámbito de esta Ley, se consideran drogas institucionalizadas o socialmente afectadas aquéllas que pueden ser adquiridas y consumidas legalmente, siendo las principales las bebidas alcohólicas, el tabaco y los psicotropos cuando no se cumplan las disposiciones legales de prescripción y dispensación.

Artículo 21. Derechos.

Todas las personas residentes en la Comunidad Autónoma con problemas de adicción a drogas disfrutarán de todos los derechos recogidos en la ordenación jurídica en relación a los usuarios de los servicios sanitarios, sociales y sociosanitarios, con especial atención a los siguientes:

A) Al respeto a su personalidad, dignidad e intimidad, sin que pueda ser discriminado por causa alguna.

 Artículo 30.- Prohibiciones.

 

1. No se permitirá en el territorio de la Comunidad de Madrid la venta, despacho y suministro, gratuitos o no, por cualquier medio, de cualquier tipo de bebidas alcohólicas a menores de dieciocho años. (...)

 

3. No se permitirá la venta ni el consumo de bebidas alcohólicas en la vía pública, salvo terrazas, veladores, o en días de feria o fiestas patronales  o similares regulados por la correspondiente ordenanza municipal. Las Entidades Locales, a través de las correspondientes ordenanzas municipales, podrán declarar determinadas zonas como de acción prioritaria a los efectos de garantizar el cumplimiento de la prohibición de consumo de bebidas alcohólicas en determinados espacios públicos, fomentando, al mismo tiempo, espacios de convivencia y actividades alternativas, contando para el establecimiento de estas limitaciones con los diferentes colectivos afectados.

 

El abanico de potenciales infractores se abre desde el que vende hasta el que compra alcohol. El practicante del botellón tendrá que pagar con trabajos en beneficio de la comunidad; limpieza de calles o cuidado de ancianos,  en caso contrario, deberán pagar una multa que  ronda los 300 euros. Estará prohibida la venta, suministro y consumo de bebidas alcohólicas en los centros dependientes de la administración. La excepción a la regla: el vino y la cerveza (bebidas con menos de 18º) y en sitios determinados, como las cafeterías.

La permisividad de beber dentro de lo que llaman fiestas patronales agudiza la sensación de que el hecho en si no es malo, sino que debe estar realizado simultáneamente por la mayoría de la ciudadanía, cosa que marca de nuevo el que lo consensuado por casi todos valida la acción, cosa que es incierto. Las voces que gritan y criminalizan a los botelloneros, por la aparición de basuras en la vía pública, suciedad y orines, parecen olvidar que los mismos estropicios se realizan en actos repetidos y públicos durante todo el año como los partidos de fútbol, manifestaciones reivindicativas, celebraciones religiosas, festivales de música, domingos playeros, ferias populares, etc…,y  que milagrosamente aparecen durante y a la finalización de estas situaciones  de agrupación masiva, todo tipo de maquinaria, instalaciones  y personal que enviste semejante acumulación de basuras y restos de todo tipo, no sólo envases de bebidas, haciéndolo desaparecer y dejando los escenarios en perfecto estado de revista.

En el caso de Sevilla, ciudad donde vivo, y como en el resto de Andalucía, no existe este impedimento legal para dicha práctica del bebercio público, deslocalizado e imprevisto. Hay un milagroso entendimiento de las condiciones locales por parte de la administración pública, responsable de validar las recomendaciones de la Ley.

Los intentos y gritos locales en contra de esta situación "problemática" son ridículos o frívolos, de no reconocer la eficacia con la que limpian el recinto de  feria tras la audiencia de cientos de miles de personas cada día, los recorridos urbanos de las procesiones de la semana santa, las inmediaciones de los campos de  fútbol del Betis y del Sevilla, las verbenas de los barrios,  las masivas salidas para el Rocío que en la lejanía, cruzan parajes naturales protegidos, etc…

Detrás de esta falta de interés por solucionar problemas locales para que la gente se divierta en su ciudad y ejerza el libre derecho de consumir donde le apetezca, bebidas alcohólicas y sus complementos, que por descontado, son legales y pagan su pertinente impuesto por su comercialización, está el miedo a la falta de control, por parte de algunos ciudadanos, de lo que sucede en las calles. Las medidas sobre el saneamiento, limpieza y las condiciones acústicas de los entornos botelloneros son diversas y posibles, y serían evidencia de la buena voluntad política.

Curiosamente, en el caso de  mi ciudad, hubo hace unos meses un experimento que funcionó de maravilla, aunque desgraciadamente se quedó en una noche.  Regalaban un condón por la entrega de la basura del pack-botellón, o sea; la bolsa de plástico, con la botella de licor, refresco y vasos vacíos. Se recogieron y entregaron más de mil botellones a cambio de  sus respectivos condones, el resto de la noche nos la podemos imaginar.

Y es que los ayuntamientos, inevitablemente, quieren tener una imagen limpia y controlada de la sociedad que representa. Dentro de esa visión, obviamente, está la de una sociedad de consumo que produce consumidores de distinta jerarquía, que desgraciadamente producen la exclusión de unos por otros.   

En el seno de dicha ley, hay un supuesto intento de solucionar el problema, aunque  hay paralelamente a la disminución de la bebida, un aumento en la ingestión de drogas no alcohólicas.

Esa prevención en el consumo de drogas, en el caso del alcohol, perfectamente legalizada y socializada a todas las escalas, es una mascara que sólo  cubre la realidad que quieren paliar. El alcohol se muestra como desorientador social, bueno, su consumo excesivo, y eso es lo que no deberíamos hacer a juicio de la administración pública y/o en nombre de nuestra propia salud, para no desviarnos de lo que se  supone que debemos realizar a lo largo de nuestra vida programada. Parece no  importar la falta de penalización de otras drogas que estupidizan y someten al ciudadano de la manera más patética, robándole lo que es más propio al ser humano: la capacidad de pensar y decidir.

Así drogas como la tele, la cultura basura, el trabajo a cualquier precio por la obligación de convertirnos en inversores al comprar una vivienda que nos hipoteca de por vida, se nos imponen como base de funcionamiento

Aunque el impedimento a la práctica del botellón, parece vigilar el descarrilamiento posible, en la vida de los más jóvenes; nos incluye a todos. El botellón no es sólo una cuestión de economía, ni de inocencia o estupidez pueril, es una cuestión de libertad, de asumir la responsabilidad como ciudadano.

 

Y es que ese artículo sobre los derechos de los drogodependientes que dice "Al respeto a su personalidad, dignidad e intimidad, sin que pueda ser discriminado por causa alguna", se tiene de sobra adquirido previamente por ser humano, aunque no siempre se aplique. Es el caso de algunos ciudadanos, a los que se les pone en tela de juicio, cuando se les señalan como  practicantes del botellón, y a pesar de tener un perfecto estado de salud mental y compromiso con un comportamiento ciudadano, se les llama alcohólicos descontrolados.

La motivación fundamental de dicha medida sancionadora, más que resolutora, es definir donde y cuando podemos beber y celebrar una reunión de amigos o conocidos. Estamos acostumbrados, cada día más, a que nos digan cuando hacer cada cosa: cuando hipotecar nuestra vida para comprar una casa, cuando trabajar, cuando consumir,  cuando destrozar nuestro cerebro viendo la basura de televisión y hacernos inocuos a casi todo, incluso , cuando ir a una guerra aunque no queramos ir.

 

El caso concreto del calimocho, centro del libro que tratamos, habla inconscientemente para muchos, del hábito de regar y mezclar cualquier bebida alcohólica, sea de la procedencia que sea, ron, whisky, bourbon, ginebra, pisco, tequila, vino , etc, con el elixir venido de los EEUU, la  Coca cola o en su ausencia, su prima hermana. Una acción que modifica profundamente el sabor de cada una de las bebidas originales, haciéndola más dulzona y parecida entre ellas. Es casi inevitable hacerlo, la coca cola aparece en todas las facetas de la vida humana, y en casi cualquier nación del mundo. Que mayor sensación de suciedad me produce la aparición de una bandera de cocacola en un paraje natural como las remotas e inaccesibles calas y playas de Conil de la Frontera, en las cuales me bañé hace una semana. Parecía la bandera de EEUU sobre la luna cuando tomaron posesión de la misma.

 

Para ir acabando, contaros una recompensa intelectual transitoria, realicé en Madrid una pequeña acción al mes y poco de haberse aprobado la ley antibotellón en la comunidad de Madrid. Invitado por unos amigos a un certamen de arte público, en Alcorcón , comunidad de Madrid, cuyo ayuntamiento era del PP.  Después de que el Partido Popular aprobara en solitario el texto en la Asamblea, decidí invertir  el dinero previsto para la producción de la acción, en la compra de unas 500 cervezas que fueron repartidas de manera gratuita en la calle principal del pueblo, y donde vecinos de todo edad y género se reunieron alrededor de una imagen del año 1971, donde aparecían unos conciudadanos bebiendo el mismo elixir  en una plaza del pueblo. El temor de posibles sanciones por parte municipal ralentizó el aumento de audiencia.  Fue un encuentro donde se evaluó de manera vecinal y directa la ilegalidad del acto que estábamos cometiendo. Más de un año tardaron en abonarme semejante invitación de la concejalía de cultura,  curiosamente coincidió con el relevo político.

No creais que me amparo en el arte para convertir algo ilegal en ilegal, cosa que el arte podría hacer, ya que  esta practica la realizo allí donde voy, incluso involuntariamente.  Sólo recordar otra situación patética que me ocurrió en la plaza del tripy,  en Barcelona, donde me encontraba atragantado con un faláfel picante, a punto de tomar un trago de refrescante cervecita, y apareció un policía municipal que me  recriminó y quería obligarme a tirar la cerveza bajo amenaza de ponerme una multa.

 

Me voy de copas.

 

Santiago Cirugeda

 
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